MANIFIESTO : PLANETA EMOCIONAL

Durante muchos años, y en mis comienzos me dediqué  de lleno a trabajar  en la gestión del mediobiente a nivel local y global. Tuve el privilegio de contactar con numerosas personas que trabajaban en beneficio de la preservación de nuestro planeta: científicos, escritores, vountarios, forestales, técnicos, gente que cree en un mundo sostenible. Fruto de aquellos años es mi trabajo de hoy sobre la “sostenibilifdad emocional “ y por lo que creo que la capacidad de generar una nueva mentalidad en la que debemos sumar, comaprtir y aportar. Nuestro planeta necesita que  lo cuidemos  porque nos alimenta y da la vida.Ahora, que  mi país, se está quemando …He recordado este viejo manifiesto que escribí ( del año 1995)..que creo que sigue vigente.

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MANIFIESTO

Yo he visto algunas cosas, es verdad, que no querría haber visto. He visto el sol dormido tras un lejano sueño de fuego y destrucción, bosques arrasados por manos manchadas de sangre, sangre culpable de creerse los dioses de la tierra, que manejan como marionetas los ecosistemas singulares que la propia tierra creó hace millones de años.

He visto al ser humano cerrar los ojos ante la muerte de un río, mirar hacia un lado mientras se vertía incontroladamente en el corazón de la naturaleza. El agua es un regalo que nos proporcionan los acuíferos para festejar que el planeta es inteligente, que tienen capacidad de autogestión siempre que se le deje reciclarse.

He visto crecer el desierto lentamente porque la tierra no tiene raíces para sujetar la propia tierra. Las raíces de los árboles son las manos que mecen y cuidan la tierra, que sustentan y mantienen el suelo que pisamos. Son los cimientos de nuestro planeta.

He visto al hombre usar la sinrazón ante los animales. Morir al lince en un cepo y envenenar huevos de águila; matar al buitre carroñero por creer que amenaza los rebaños y degollar al lobo como venganza por desconocimiento. El desconocimiento crea miedo e inseguridad. Todos los seres vivos pertenecemos a una cadena, el ciclo de la vida. Si se destruye parte del ciclo, destruimos nuestra propia vida.

He visto ocultarse el día ante nubes no naturales, nubes de dióxido que nutren a cementerios vivientes donde el ser humano se hacina, las ciudades. Ciudades irrespirables donde los pájaros llevan máscaras de oxígeno y las plantas se ponen tapones de cera para soportar el ruido. Todos los seres vivos,  todos se irritan y deprimen con la contaminación acústica.

He visto, es verdad, muchas cosas que no querría haber visto.

Pero también he visto a Alfa, Omega y Orión dibujadas en un cielo negro y estrellado en una noche de sueños alpujarreños.

He visto respirar al aire de poniente besando las acacias en una ciudad respirable.

He visto al sol sobre la Bahía de Cádiz, la tranquilidad del mar y sus aguas bañadas por el Dios Melkart con tortugas y delfines.

He olido y me he alimentado con el sabor del madroño de Aracena, con el calor del pinsapo en Grazalema, con el agua cristalina del Hornachuelas.

He visto al águila imperial atisbando a su presa sobre el Castillo de Bujaraiza, al agua saliendo a manantiales en los acuíferos cazorlienses.

He visto la inteligencia despierta de un día primaveral en la Sierra de Filabres y los “molinos de viento” divisados desde Calar Alto en Almería.

Y he visto al hombre repoblando y reforestando la tierra con árboles autóctonos. He visto al hombre limpiando ríos, recuperando antiguas cañadas reales.

He visto desarrollo sostenible en lugares donde el esfuerzo común ha estado a la altura del sentido común.

He visto fábricas con catalizadores industriales que hacían más permiisivo el aire que respira la grulla, el aire que respira la viola cazorlenzis, el aire que respira un niño en el Coto de Doñana.

He visto al hombre preocuparse por el medio natural; entender que el hombre no debe ser un lobo para el hombre.

Y he visto a la tierra dar las gracias en forma de pulmones verdes, con sonrisa de días de sol y nieve.

Sí, he visto y he soñado, pero los sueños deben hacerse realidad con el esfuerzo colectivo, con el aliento desinteresado de todos. Si  todos nos sintieramos tierra, mar aire y fuego la tierra comulgaría con el hombre.

Ya no es hora de soñar, sino de actuar. La hora de los sueños quedó perdida en forma de amnesia colectiva.

La idea de Aldea Global, de sostener la tierra, de ser ciudadanos sostenibles depende todos y cada uno de nosotros.

Yo he visto al hombre soñar con un futuro medioambiental serio, rigurosos, implicado, y de verdad, ese sueño es realizable.

Está en nosotros el empezarlo…..

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