El milagro de la vida

 

 

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Hace doce años,  a las siete menos cinco de la mañana, el la nacional IV desde el Puerto de Santa María a Sevilla, el coche en el que  viajaba  dormido dio tres vueltas sobre sí mismo y quedo literalmente aplastado sobre la cuneta entre los “quitamiedos”. Amanecía cerca de la localidad  de El Cuervo, una brisa resplandeciente transitaba entre el alquitrán y el amasijo de hierros donde me encontraba aplastado.

Recuerdo el sonido de los golpes en mi menoría como si tuviera un sistema sourround en mi cerebro. Recuerdo cada pensamiento que tuve en los microsegundos que te da tiempo a sentir….Y mi gran pensamiento era: “Todavía no, todavía no, necesito una oportunidad para conseguir lo que he venido a realizar”…E s cierto que tu vida pasa por delante de ti, porque nuestro cerebro y la memoria emocional es un gran disco duro multimedia. Creo que cuando se tiene un accidente se activa una tecla que te hace pasar rápidamente por la cinta de tu vida…Y es un instante, cuando la observas, no es nada.

La vida es el cúmulo de momentos y experiencias que transitan por nuestro caminar; hay personas que no perciben que están vivas porque durante todo su ciclo se dedican a sobrevivir. No era mi caso. Hasta ese día ya había recorrido un gran camino: Un camino de equivocaciones, de aprendizaje, de lágrimas y alguna que otra decepción. Y no era consciente del mayor milagro que la vida me había otorgado: la propia Vida. Ahora, sentía cada poro de mi piel, el sudor del frío agarrando mi respiración, sentía las costillas aplastadas, cómo  mi pierna derecha no respondía….Sentía….Y daba gracias a la vida por sentir, por poder respirar, por ver el amanecer entre el amasijo de hierros….Por darme la oportunidad de  seguir vivo.

Ese día dejé muchas cosas en aquél coche, en aquél kilómetro que me cambió la vida: dejé mis miedos, dejé mis complejos, dejé las creencias irracionales, dejé la lástima, dejé el desconsuelo, dejé el orgullo, dejé mi falso ego….

Y comencé a aprender a dar las gracias, a perdonar, a perdonar, a sentir cada segundo como si fuera el último de mi vida: Aprendí a mirar y observar, aprendí a abrazar, a tocar el mundo con mis sueños, a utilizar mis 60000 pensamientos diarios para darle fuerza a mis neuroconexiones y mandar un mensaje a mi cuerpo:” tú puedes, tú lo vas a lograr”…

Y así fu cómo apliqué el principio de la resiliencia en mi vida….Cómo, desde entonces, todo ha cambiado, mejorado. Ahora soy mejor persona, ahora estoy alineado con mis sueños…Y me dedico profesionalmente a acompañar a las personas en su propio viaje. Porque mis manos siempre están dispuestas a facilitar las herramientas para salir de tu propia amasijo en el que muchas veces nos encontramos  aplastados, la que te impide avanzar….Y decirte que una vez que decides mirar hacia adelante y triunfar….Dirás lo que dijo el Cuervo de Allan POE ( ¿coincidencia de que mi accidente fuera en la localidad de El Cuervo?) –  “Nunca más, nunca más”. Y estarás dispuesto a vivir tu propio viaje en tu camino de baldosas amarillas.

Copyright,2012, José Luis Fuentes. Todos Los derechos reservados.

 

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