Enriette, bajo la lluvia de Paris.

Bajó las escalera de su casa de dos en dos, hoy no cogería el ascensor.Bufanda, abrigo, gorra de Marc Jacobs y un maravilloso bolso comprado en la Avenida de la Opera…Hoy era el día ideal para pasear bajo la lluvia….Iría a Lafayette a comprar una mascarilla especial de ceras egipcias que su amiga Susan le había encargado; luego, tomaría un café ole acompañado de un suntuoso croissant en el café Brasilia frente a su tienda favorita de Hugo Boss. Llovía sobre Paris, cómo le gustaba a Enriette la lluvia, esa lluvia fina que empapa los pensamientos hasta ablandarlos.

Paris huele diferente cuando llueve, huele  a tierra proveniente de los jardines de la Tulleria, a gotas impregnadas con el aroma del viento de la Ille de Sant Louis, se escucha mejor el sonido de las calesitas del Louvre. Enriette era feliz saboreando el olor del café que impregnaba de emociones su frío estómago…Hoy era un día muy especial para ella.  Bajo su abrigo, lucía un hermoso vestido  comprado en la Boutique La city, en el Boulevard de san Michel de Prest….Ese vestido color vino siempre le había dado suerte. Se terminó el croissant y se dirigió, empapando su abrigo, con una sonrisa contagiosa, dejado que la lluvia se insertara entre las rendijas de sus deseos, a comenzar su camino por el Boulevard des Italiens, Rué bergere, Folies Bergeres, hasta llegar a la iglesia de Saint  Vicent de Paúl….donde se pararía delante de las cinco columnas del frontón, cerraríamos ojos…inspiraría todo el aire posible en sus pulmones…y cruzaría la rue de Chabrol, ahora con paso lento, entrecortado, reconociendo cada sonido, cada momento, cada pliegue de su ropa, encontrando el equilibrio perfecto entre sus sueños diciéndose a sí misma:

-Todo está bien, todo está en su sitio… nada me turba….estoy preparada.

Y llegó , sintiendo los latidos de su corazón, hasta la pequeña clínica de Saint Lazare, donde desde hoy, se sometería a un complejo tratamiento con quimioterapia para sanar el cáncer detectado hacía menos de un mes. Fuerte, entera, sonriendo al mundo, llena de agallas, miró  los álamos que divisaban la plaza de la Fidelité. Volvió  cerrar los ojos y se dijo:

– soy dueña de mis propias emociones, porque sueño, estoy viva, me toca luchar por despertar nuevos sueños.

La lluvia de Paris  inundaba a Enriette de fuerza para sentir que hoy era el gran día en el que comenzaba la lucha más poderosa que combate un ser humano: sentir la fuerza de la vida: E iba a ganar la batalla.

Llovía sobre la ciudad de la luz., mientras el olor del café inundaba de sabor las lágrimas de Enriette.

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