Atrapados

La tierra de tu memoria disuelve el olor a dolor  que tenemos impregnado…

 

Atrapados, a veces estamos atrapados por nuestros más profundos sentimientos. Confundimos el sentir con el padecer, el recordar, con la añoranza sentida. ¿Recuerdas una escena de tu infancia que no eres capaz de finalizar?¿recuerdas algún momento de tu vida y sientes en el estómago un leve dolor? Atrapado.

 

Nos encontramos atrapados en una maraña de redes sensoriales, cinestésicas, auditivas….recordamos el olor de un momento amargo, el latir incesante de una etapa  quemada, nos suben los colores cuando volvemos a sentir el beso inocuo del aprendiz de mago.

 

A veces no renunciamos al dolor, nos recreamos en los microsentimientos que alimentan nuestro ego. En innumerables circunstancias padecemos nuestra propia responsabilidad: la de no soltar lo que nos causa daño.  El ser humano es capaz de alcanzar las estrellas de formular complejas ecuaciones para intentar resolver el enigma del caos, compite en el escalón biológico con miles de millones de seres vivos fundamentando su primacía en el uso de la razón…Y es incapaz de desprenderse de los sentimientos negativos usando la conciencia de su poder.

 

No quiero frivolizar con un estado emocional del que doy fe por expericnias propia que entraña dificultades añadidas como  la toma de conciencia, los sentimientos asociados, las deudas emocionales no resueltas, el flujo del dolor. Si, lo se. Yo he vivido el dolor, el duelo, el victimismo, el anhelo, la añoranza y todas las sintomatologías relacionadas  con  lo que denomino el efecto red: sentirse atrapado en un bucle de emociones no digeridas.

 

En el año 2000 sufrí un terrible accidente de coche que me mantuvo postrado en la cama y posteriormente en silla de ruedas durante más de un año. Fui victima de un accidente de coche pero no victimista de mis circunstancias.  No le dediqué más de un minuto a lamentarme por lo sucedido. Mi responsabilidad es la de superar con fuerza y energía todo lo queme sucede. Di gracias a la vida por mantenerme vivo, di gracias a la carretera por no estar en malas condiciones, di gracias a los chicos anónimos que me sacaron del coche y calentaron mi hipotermia, di gracias a todos y cada una de los enfermeros, médicos, fisioterapeutas, terapeutas, amigos, familiares, vecinos que me facilitaron el camino para la victoria. Cada vez que me llegaban los pensamientos negativos, me anclaba visualizándome en Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, corriendo por la playa. No le daba poder a mis límites, porque no existen los límites…Podemos viajar con nuestras emociones al fin del mundo.

 

Durante ese año aprendí que mis manos eran fieles compañeras de viaje, que mi olfato sentía una unión mágica con mis ojos. Durante ese año, descubrí que mis piernas se conectaban neuronalmente con mí todo mi ser, que el entrenamiento (perdí 35 kilos de peso y gané exponencialmente masa muscular) era vital para acceder a mis metas. Aunque lo más importante, lo que recuerdo como  el comienzo inexorable de mi reprogramación positiva fue el soltar….dejar que se fueran diluyendo por el desagüe de mi memoria selectiva los malos recuerdos, las creencias irracionales, la autoexigencia, el apego al tener….

 

Hoy hace diez años de todo aquello y por eso lo cuento: Que no te atrapen los deseos.

Convierte cada deseo en una acción. Es el mejor camino para llegar a tus sueños.

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